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Expectativa Vs Realidad en la Maternidad

ESQUINITA ORGÁNICA

Posted on diciembre 09 2021

Expectativa Vs Realidad en la Maternidad

Recuerdo cuando estaba embarazada de mi primer hijo, estaba ansiosa por experimentar la maternidad, me leí muchos libros, hice cursos de personalidad cuando mi hijo ni siquiera había nacido y no tenía idea de qué personalidad iba a tener pero ahí estaba yo en primera fila con mi cuaderno de notas recargado en mi panza de 8 meses, yo ya tenía todo resuelto, estaba segura que mi hijo jamás me iba a hacer un berrinche porque yo ya sabía perfectamente como lidiar con esas situaciones gracias a las literaturas que me acompañaron durante el embarazo, no iba a sufrir de desveladas porque iba a aplicar al pie de la letra el entrenamiento de sueño del libro que me recomendaron y a las 12 semanas mi hijo iba a dormir 12 horas corridas, veía los hijos de mis amigas babeando el celular de su Mamá y obvio sabía que a mi no me iba a pasar porque mi hijo iba a aprender que esos aparatos son de adultos, estaba más que lista para darle la bienvenida a mi primer hijo, estaba feliz, después de todo, qué tan difícil puede ser cuidar a un bebé inofensivo que sólo me iba a provocar sentimientos de amor puro, mi vida iba a estar completa con esa pequeña criatura que se estaba formando dentro de mi, soñaba con el día en que le vería por primera vez su hermosa carita y lo llenaría de besos con lágrimas en mis ojos, antes de tener a mi hijo ya era una Mamá perfecta.

 

El día del parto, nació mi hijo, me lo pasan y nada es como me lo imaginaba, no estoy llorando de felicidad, estoy en shock viendo a un bebé lleno de sangre y fluido blanco que me acaba de salir de entre mis piernas, esta hinchado, con ojos chinos y me llegan mil pensamientos a la cabeza, “Si será el mio? No se parece a nadie”, “Me lo imaginaba más bonito”, “Porqué no estoy sintiendo ese amor a primera vista del que todos hablan?” “Porqué estoy pensando esto”, “Seguro soy la única que pensó esto al ver a su hijo por primera vez”, “Soy la peor Mamá” y ahí es cuando entra la culpa a tu maternidad sin ser invitada y cuando la Mamá perfecta que eras desaparece por arte de magia, nunca más la volví a ver, trataba de ser como ella, me esforzaba por ser esa versión que me inventé de mi misma, por más que hacia todo lo que decían los libros nada me funcionaba, me di cuenta que la teoría es muy distinta a la realidad y sufrí, me presionaba mucho, me exigía mucho, todo el tiempo quería ser alguien que en el fondo sabía que no era.

 

Tuve muchos momentos de crisis, de ansiedad y desesperación, nada era como me lo imaginaba, por su puesto que había momentos hermosos, pero por estar tan ocupada queriendo alcanzar metas muy altas dejaba de disfrutar los pequeños momentos, los más importantes y significativos, un día me di cuenta que no estaba disfrutando nada de mi Maternidad, me di cuenta que no era por ahí y me di permiso de fluir y de aceptarme tal como la Mamá que soy, la que se equivoca, la que pone sus propias reglas, la que se acopla a su hijo para poder hacer las cosas más llevaderas, en ese momento fue cuando empecé a disfrutar, fue cuando me quite un costal de piedras de mis hombros y me di cuenta que mi hijo no quiere a una mamá estresada todo el tiempo, no quiere a una Mamá perfecta, lo que mi hijo y yo necesitábamos era una Mamá feliz e imperfecta.

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